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viernes, 14 de febrero de 2014

La nueva universidad...

Foto: www.boriken365.com
La universidad del milenio no es aquella que celebra su centenario de excelencia educativa llevando como emblema principal sus desgastadas estructuras arquitectónicas. Una fascinante fachada edificada sobre cimientos de acero y hormigón desde donde se levantan inconmesurables cantidades de ladrillos/bloques colocados unos encima de otros hasta llegar a la altura planificada por su diseñador original. Un lugar en el que se anexan otras largas filas de edificios clasificados por departamentos académicos, y que a la misma vez se subdividen en oficinas, aulas, laboratorios, auditorios o anfiteatros. 

La universidad que conocemos ya no es la misma institución que operaba bajo exitosos modelos piramidales. A lo largo de los tiempos, sus decisiones administrativas acomodativas han pesaso más que las necesidades educativas reales de la comunidad. Por eso siempre se ha visto que en cada época siempre ha atravesado por diversidad de crisis. A través de las generaciones se ha convertido en un centro de adiestramiento profesional sometida a rigurosos estándares desarrollados por diferentes organismos acreditadores y entidades reguladoras del estado. Una larga fila de aulas encajonadas en filas como si fuesen vagones de un tren por donde deberán pasar los estudiantes de estación a estación hasta llegar a sus destinos planificados. Un ambiente de aprendizaje controlado por el profesor experto, en donde los estudiantes detienen su pensamiento crítico y reflexivo cuando el proceso se convierte en una dictadura mental llena de reglamentos, procedimientos, normas, restricciones y obligaciones calendarizadas. Una experiencia de aprendizaje basada en la constante memorización de hechos y en la repetición mecanizada de reglas o patrones mentales lineales. Con una metodología instruccional (con limitadas y escasas variantes) y una única estrategia de evaluación de aprendizajes. La fatídica consecuencia de nuestro sistema es que desde la inmersión en el sistema universitario los estudiantes marcan la impronta negativa de que su aprendizaje se premia con una calificación final. Siguiendo finalmente como un destino el buscar diplomas o certificaciones y no caminnar por los senderos del aprendizaje para toda la vida.

Al culmimar la experiencia académica, llega el evento protocolar de recibir el diploma de graduación. En dicho escenario se entrega un pergamino simbólico que certifica el cumplimiento cabal de todos los requisitos institucionales y que se es portador del conocimiento necesario para formar parte de la clase media trabajadora. De ahí en adelante es que se inicia el recorrido hacia la 'exitosa' integración socio-laboral. La universidad se ha encargado de formar estudiantes para escalar los escasos huecos que quedan en la deteriorada pirámide burocrática, consciente de la debacle por la que atraviera el sistema industrializado del que forman parte. Por consiguiente, nuestros jóvenes saldrán a las calles en medio de una empobrecida economía de trabajos volátiles (subempleados en muchos casos) en la que el desempleo sobrevolará en sus vidas por frecuentes periodos de tiempo... 

No obstante, las cosas han cambiado vertiginosamente desde que inició la segunda década del siglo 21. La universidad que conocemos ya no puede sostener su anquilosada estructura industrializada. Esta se mantiene como una construcción rígida en extrema lentitud de movimiento con respecto al avance del mundo exterior. Una plataforma prácticamente inaccesible a las apiraciones de la sociedad contemporánea. Con una jerarquía burocrática que ralentiza el servicio a la comunidad y el desarrollo de programas académicos articulados a la altura de los tiempos. Una comunidad de profesionales adiestrados para consumir los contenidos del sistema y no para aprender a gestionar los nuevos conocimientos. Muchas de las tareas intelectuales rutinarias que ejecutan los administradores y docentes están desapareciendo del panorama profesional. Los enormes edificios universitarios con oficinas repletas de empleados rellenando formularios son cada vez más un vestigio del pasado. 
"El poder de las redes sociales, como lo fue la electricidad en el pasado, cambiará inevitablemente el modelo de negocios existente. Los líderes necesitan entender la importancia de la nueva arquitectura organizacional. El trabajo inteligente en los ambientes laborales del futuro comienzan a organizar el abrazo a las redes, manejando la complejidad y construyendo confianzas. La empresa conectada del siglo 21 es un nuevo mundo de trabajo y aprendizaje. El trabajo está cambiando así como el aprendizaje social deberá cambiar también" (Harold  Jarche, 2014).
Esto me lleva a reflexionar sobre el sendero de la Universidad del nuevo milenio. Lo cierto es que el sueño de todo profesional era llegar a la universidad a impartir cursos en las aulas. Ser profesor era símbolo de grandeza intelectual y de poder dentro de la estructura social. Pero hoy día las cosas han cambiado, porque el poder del educador ya no reside en lo que se dicta en sus sesiones magistrales, sino en los proyectos que son capaces de accionar conjuntamente con sus estudiantes y colegas profesionales. Los designios de la Universidad del Siglo 20 han comenzado a desvenecerse. Ahora le damos la bienvenida a la nueva universidad: Un entorno abierto que congrega a sujetos que quieren aprender, no un lugar para administrar la enseñanza de los objetos...


  1. Universidad: Se habla de una universidad líquda que desvanecerá sus propios muros tradicionalistas. La era de la incrustación del centro de enseñanza ha llegado a su conclusión, por lo que comenzará a desterritorializarse de sus sólidas estructuras. La apropiación del territorio ha pasado de ser un recurso indispensable del control del conocimiento a ser un lastre, debido a sus efectos adversos sobre los agentes dominadores. La nueva universidad no le temerá estar en diferentes partes: Twitter, Facebook, Google+, LinkedIn, YouTube, SecondLife y otros espacios en conexión con las personas que quieren aprender. Ahora se habla de un centro de apertura social y de libre acceso que laborará 24/7 en las redes. Su computación estará basada en la nube. Una institución basada en estántares libres y abiertos a la diversidad de capacidades de aprendizaje. Un centro que le abrirá las puertas a la libertad geográfica donde las personas dispersas en diferentes partes constituirán los nuevos ecosistemas de aprendizaje.

    La nueva universidad
    estará basada en un nuevo paradigma: la universidad creativa. Mientras que la universidad tradicional va en búsqueda de conocimientos ideados por otros en tiempos pasados, la universidad creativa será capaz de generar en cualquier momento todo aquello que aún no existe.
    Una universidad verdaderamente universal es generativa en todas sus dimensiones, ya que operaría bajo diferentes capas de admistración, integración socio-cultural, investigación, desarrollo científico y tecnológico en constante evolución.
    Los estudiantes matriculados seguirían recibiendo una gran cantidad de servicios y oportunidades de educación como un beneficio permanente. Los aprendices nunca serían exalumnos de la institución. A pesar de que hubieran recibido un título académico, los estudiantes todavía asistirían a clases -con el fin de recibir certificados, micro-credenciales u otras habilidades de recapacitación de empleo- o recibir asesoramiento profesional y coaching ejecutivo. Siguiendo los planteamientos de Zygmunt Bauman, la universidad líquida podría caracterizarse por el fin de la universidad sólida, estable y repetitiva. Esta universidad será remplazada por una líquida, flexible, voluble en la que los modelos y estructuras sociales ya no perdurarán lo suficiente como para enraizarse y gobernar las identidades de los miembros de la comunidad. Se renunciará a la memoria como condición de un tiempo post histórico. La universidad líquida estaría dominada por una inestabilidad asociada a la desaparición de los referentes a los que anclamos nuestras certezas...


  2. Programas académicos: No deben consistir en la  acumulación de créditos, ni tampoco en el tiempo en que el aprendiz deberá estar en el programa. Este terminará efectivamente una serie de tareas bien definidas cuando demuestre que en realidad puede hacer algo que lo lleve a la ejecución de proyectos en diferentes escalas. Los programas académicos deberían centrarse más en la gestión de proyectos innovadores, operando más sobre la excelencia personalizada para aumentar la participación activa de los aprendices en la construcción de sus propias redes sinápticas, sociales y artificiales. Los aprendices serán admitidos por sus capacidades de aprendizaje y no por su edad cronológica. Los nuevos programas serán transgeneracionales y transculturales, dejando atrás la clasificación de los aprendices por niveles lineales. Personas de todas las edades se congregarán en entornos caóticos, difusos e inciertos que atraigan la atención de los aprendices. El tiempo en el que los estudiantes se tenían que adaptar a los programas académicos ha llegado a su fin. Las nuevas ofertas académicas deberán articularse a la diversidad de estilos de aprendizaje, preferencias, intereses y necesidades de los aprendices. Los programas académicos estarán enfocándose mayormente en el constante movimiento de las personas y no tanto en convertirlos en ratones de biblioteca adiestrados para rellenar formularios en sus futuros espacios de trabajo. Las insignias (badges) formarán la nueva representación iconográfica del reconocimiento, acreditación de aprendizajes y culminación de proyectos en escenarios de la vida real. Los mejores programas irán en búsqueda de los mejores talentos creativos para su fortalecimiento socio-tecnico-pedagócico, incorporando estándares abiertos que permitan la inclusión de todas las personas que deseen aprender cosas nuevas...  


  3. Educadores: Serán los profesionales disruptivos del milenio preparados para salir a la calle a buscar clientes de aprendizaje; no jefes burocráticos. Se convertirán en portafolios de vida que demostrarán su autonomía de critreios y la praxis de una libre conciencia reflexiva. Estos no irán tras ofertas laborales de tiempo completo, sino en proyectos evolutivos vinculados con diferentes organismos socio-técnico-pedagógicos. Manejarán sus carreras con sus propias manos y pondrán el conocimiento a trabajar para beneficiar a todo el colectivo. Utilizarán efectivamente las herramientas tecnológicas de código abierto, recursos web freemium, computación en nube, aplicaciones móviles, realidad aumentada e inteligencia artificial. Manejarán diversos dispositivos tecnológicos para aumentar sus niveles de productividad y extender sus capacidades comunicativas en tiempo real. Estarán habilitados para trabajar con múltiples pantallas al mismo tiempo. Serán profesionales autosuficientes capaces de diseñar sus propios recursos de aprendizaje personalizados (DRAP). Convertirán sus oficinas aisladas en cubículos extendidos en donde colaborarán de manera remota en diferentes proyectos con estudiantes y otros profesionales. Serán educadores adaptables, resistentes a la nueva era multidimensional, perseverantes e independientes. Trabajarán de manera auto-organizada formando parte de comunidades de práctica o en las organizaciones tecno-educativas emergentes. Estarán dispersos en diferentes lugares configurando la arquitectura de sus futuros. Ya no trabajarán para una sola institución educativa. Su compromiso recaerá mayormente en la culminación exitosa de los proyectos en los que participan. Estarán habilidados para actuar en medio de la presencialidad y la virtualidad. Sus comocimientos, ideas y experiencias recorrerán confines jamás imaginados manteniéndose vivos en el tiempo. Pronto dejarán de ser parte de la rigidez tradicionalista, mentalidad estrecha, pavor a lo nuevo, estatismo y conformismo pedagógico. Se habla de un vínculo sólido con los estudiantes como generadores de nuevos conocimientos y no como meros consumidores de contenidos elaborados por los otros. Además de guiar a los estudiantes subgraduados en el desarrollo de sus proyectos de investigación, los profesores serían evaluados y promovidos en función de sus innovaciones:  una idea patentable, un nuevo producto de utilidad, una obra de arte, un nuevo procedimiento, una nueva línea de investigación, una nueva manera de ver un problema o un negocio emergente. Ahora se trata de diseñar ambientes de aprendizaje en los que ellos mismos disfrutan, participan y aprenden. Se convertirán en aprendices sociales que mejorarán sus prácticas en proyectos de transformación en los que dedicarán tiempos y espacios apropiados para actuar como alumnos latitudinales. Sus cursos relacionarán los contenidos con el mundo real de forma práctica con el fin de hacer conexiones locales y globales. Dinamizarán la construcción activa del conocimiento y sus potenciales motivadores a través del manejo de conflictos en distintos niveles de inquirir, desafiar, aceptar riesgos, influenciar y generar pensamientos laterales. Los mejores educadores ya no son lo que alcanzan los más altos títulos académicos ni rangos jerárquicas dentro del sistema, sino los que tengan la capacidad de diseñar los mejores proyectos de aprendizaje para congregar a las personas que desean aprender. Dictar órdenes y controlar el ambiente instruccional ya no formará parte del quehacer del líder educativo.



  4. Estudiantes: Actuarán como nómadas del conocimiento capaces de aplicar sus ideas y experiencias en diversos contextos socio-culturales. Serán participantes horizontales en las redes de aprendizaje orgánicas. Emprenderán nuevas organizaciones empresariales, culturas y sociedades red. Manejarán  las tecnologías convergentes para resolver la complejidad de las situaciones trascendiendo las limitaciones físicas, geográficas y temporales. Estarán abiertos a compartir lo que saben hacer y lucharán por el acceso abierto a la información, el conocimiento y la experiencia de los demás. Desarrollarán hábitos de diseño de pensamientos para aprender continuamente adoptando nuevas prácticas. Participarán activamente en organizaciones no jerárquicas sin temor a fracasar. Estarán dispersos en la presencialidad y la virtualidad  aprendiendo diferentes actividades del trabajo real. Aprenderán en cualquier lugar, a cualquier hora, con cualquier persona y desde cualquier dispositivo que los conecte a sus redes cognitivas personailzadas. Aprovecharán efectivamente las fallas detectadas para reflexionar sobre sus bases y gestionar nuevas formas de superar sus propias dificultades. Con el fin de alcanzar una nueva insignia, los estudiantes tendrían que construir cosas (narrativas digitales, planes de negocios, nuevos dispositivos, aplicaciones móviles, nuevos espacios de aprendizaje, sistemas redárquicos u otras formas de manejo de conflictos). Los estudiantes del nuevo milenio estarán preparados para el aprendizaje en el entorno del trabajo (Learning at Work) donde los escenarios de aprendizaje pasarán de las aulas a otros lugares, incluso a lugares no reglados, no normatizados, quizá más caóticos, pero más abiertos, flexibles y adaptables a la personalización educativa. Donde las TIC se pueden emplear sin miedos ni reticencias (Juan Domingo Farnós, 2014).


  5. Personal administrativo: Aprenderán a trabajar en espacios nido (CoWorking) en donde se contrastarán las tareas laborales con otras actividades profesionales. Sus entornos laborales tendrán la capacidad de acoger eventos, espacios de reunión, lugares abiertos de esparcimiento y acogedores e illuminados ambientes de trabajo. Se habla de profesionales holocráticos sin jefes, capaces de ofrecer servicios en todas las áreas que compone el organismo educativo. Se basa en la autonomía del trabajador y su corresponsabilidad al trabajar más por objetivos que por horarios fijos. Trabajarán para una universidad horizontal en las que no hay posiciones jerarquías (presidentes, rectores, catedráticos, decanos, senadores académicos, directores, supervisores, coordinadores, auxiliares, asesores). Mas bien se trata de profesionales integrales capaces de servir a la comunidad en los diferentes trámites de admisión, consejería, ayudas económicas y registraduría. Se congregarán en espacios de trabajo abiertos y dinámicos donde todos laboran en las diferentes partes del proceso que deseen. La toma de decisioes y la autoridad quedará distribuida a través de una holarquía fractal de sistemas auto-organizados.No cabe duca que los funcionarios especializados que ya conocemos dejarán de ser útiles en la nueva universidad.
Esta no es la universidad que yo quiero o supongo que será; es la universidad que ha comenzado a erigir la nueva sociedad. Aunque sea de libre acceso, se encontrará al mismo tiempo oculta en la nube. No tendrá un nombre de gran trascendencia o estará en campus localizable en Google Maps, sino una simple URL que te mostrará los diferentes horizontes de posibilidades a seguir. Se trata de un centro difuso, un recinto flotante en constante expansión. Un nodo vinculado a personas, grupos, comunidades, sociedades y organismos glocales. Un nuevo espacio socio-tecno-pedagógico en el que los funcionarios de estructuras tradicionalistas no sabrán y no podrán regular o controlar...

Lecturas complementarias:

1 comentario:

  1. La capacidad de síntesis y la visión de futuro de Antonio son concluyentes del futuro de "Aprendizaje".

    Las formas de adquirirlo van cambiando, los jóvenes auto gestionan su aprendizaje y las gigantes tecnológicas saben leer esas conductas y aprovecharlas.

    Cambia la sociedad, ergo cambia la forma de adquirir el conocimiento, rompiendo las estructuras conocidas, mas allá de las resistencias del sistema. (Destrucción creativa).

    Opinar en este blog, es un ejemplo activo del aprendizaje entre pares y el conocimiento expandido ( " Sociedad aumentada" D. Reig ).

    Hacia allá vamos ! Antonio bien nos marca el rumbo

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